Recupero una andada que ya hice hace un par de veranos. Por primera vez, os tengo que decir que no es para todos los públicos. El acceso a la ermita es por la escarpada ladera de un profundo barranco y hay que ayudarse por sirgas y cadenas en varios tramos. Por ello, haced este sendero tan solo si estáis en una forma fisica adecuada para las circunstancias que os acabo de comentar.
La ermita de San Martín del Alcanadre se encuentra en un recóndito
punto al fondo de un barranco por el que pasa el río del mismo nombre.
Es uno de los senderos más espectaculares que ofrece la sierra de Guara
en la comarca del Somontano (Huesca, España). Partiendo de Barbastro
como punto de referencia, cogeremos la carretera N-240 hacia Huesca. A
escasos kilómetros nos desvíaremos en la localidad de Peraltilla y nos
dirigiremos hacia la turística población de Bierge. Allí tomaremos la
carretera de Rodellar que nos introduce en el Parque Natural de la
Sierra y Cañones de Guara.
Al cabo de unos diez kilómetros veremos
una pequeña señal a la izquierda que nos indica la dirección a la
ermita de San Martín del Alcanadre. Tras andar por una pista forestal
llegamos a un espectacular mirador que nos permite dominar visualmente
el barranco del río Alcanadre. No es raro poder ver buitres y aves
rapaces sobrevolando la zona.
El sendero es duro en esta parte
porque hemos de descender al mismo fondo del barranco. Hay que tener
mucho cuidado en seguir las indicaciones de sendero porque se trata de
un camino muy escarpado. En ocasiones hay que ayudarse de cadenas y
sirgas ancladas a la roca para ayudarnos en nuestra ruta. No es apto
como excursión familiar y para niños sino para personas que cuenten con
cierta experiencia en el montañismo y estén en buena forma física.
Vale
la pena el esfuerzo porque llegamos al fondo del barranco que nos
ofrece una espectacular imagen del serpenteante río. Cruzamos una
pasarela de metal y ascendiendo unas docenas de metros y a resguardo
bajo la gran fachada de roca del otro lado del barranco, se encuentra la
ermita de San Martín del Alcanadre. Si vais en verano, no dejéis
escapar la oportunidad de echaros un chapuzón en las aguas cristalinas de un territorio
completamente virgen. La sensación de paz y de belleza es, simplemente,
indescriptible.
Tomad fuerzas porque luego queda alrededor de una
hora de ascenso hasta llegar al mirador que he mencionado anteriormente.
A partir de ahí, el paseo hasta el coche será más llevadero guardando para nosotros el recuerdo de los espectaculares paisajes.
¡¡¡Buena Andadeta!!!
Hay un punto intermedio entre quedarse en casa y subir una montaña. Os propongo amenos paseos para descubrir paisajes (algunos poco conocidos) en la provincia de Huesca. Disfrutad.
lunes, 1 de abril de 2013
domingo, 31 de marzo de 2013
Nachá-Emita Los Mártires-Camporrells-Nachá (1h 56')
La Litera Alta es siempre una zona agradecida de visitar como punto intermedio entre el llano de la parte baja de la comarca y las montañas que culminan en los Pirineos. El recorrido que os propongo en esta ocasión es circular con inicio y llegada en Nachá. Pasaremos por la ermita de los Mártires, un magnífico mirador a unos 870 metros de altura, y por Camporrells.
Partiendo en coche de Binéfar, tenemos que dirigirnos hacia Tamarite de Litera (A-140) y, de ahí, tomar el desvío a la izquierda que nos lleva a Alcampell. Tras pasar esta última localidad, llegamos a la N-230 que cogeremos hacia Benabarre. Nada más pasar Baells, comienza una rampa que culmina en el puerto de Saganta. A mitad de dicha rampa, veremos a la derecha el desvío hacia Nachá. Al poco de coger el desvío por una pequeña carretera llegaremos a esa población. Yo dejé el coche al lado de la báscula municipal, ya que hay una explanada perfecta para aparcar.
Iniciaremos nuestro camino a pie continuando por esa misma carretera en sentido a Camporrells. Después de tres minutos escasos de descender por la carretera (¡¡¡tened cuidado!!!) vemos el inicio de un pequeño sendero a nuestra derecha. Desemboca, tras unos quince minutos de trayecto, al punto de encuentro entre la carretera de Nachá-Camporrells y un camino que lleva a la ermita de los Mártires. Una de las cosas interesantes de dicho sendero son las piedras de colores que algún artista se han encargado por diseminar en distintas localizaciones.
Cogemos el camino que hemos mencionado anteriormente que nos internará en el monte mientras vamos ascendiendo paulatinamente. Alrededor de los tres cuartos de hora de haber iniciado nuestro camino, en un recodo del camino vemos una espectacular vista del llano en el que se asienta Camporrells, así como los Pirineos y, más cerca, las estribaciones de Congost de Mont Rebei. Unos diez minutos más tarde (llevamos alrededor de una hora de camino) llegamos a la ermita de los Mártires.
Vale la pena estar un rato. Es un mirador magnífico. Entre otras vistas, podemos ver justo detrás de la ermita, la localidad de Baldellou y la cola del pantano de Santa Ana. Cuando hayamos disfrutado del espectáculo que nos brinda la naturaleza y descansado un poco, desandaremos nuestros pasos bajando la rampa encementada que hemos subido escasos minutos antes.
Será entonces cuando a nuestra derecha veamos una señal que nos indica el sendero que nos llevará a la localidad de Camporrells después de una media hora de trayecto, aproximadamente. Quince minutos de sendero más pronunciado y otros quince llaneando hasta que llegamos a Camporrells, a la altura del barranco del Regué que fue canalizado y arreglado como un paseo hace no mucho tiempo. Cruzamos un pequeño puente y vamos paralelos al curso del barranco hasta que podemos volver a cruzar a nuestra izquierda.
Llegaremos a la carretera de Nachá que seguiremos en trayecto ascendente pasando por numerosas granjas y terrenos de cultivo hasta que llegamos de nuevo al desvío del camino que lleva a la ermita de los Mártires. Allí cogeremos el sendero por el que antes hemos venido (el de las piedras de colores) que nos llevará a Nachá, finalizando nuestro trayecto al cabo de un par de horas.
¡¡¡Buena andadeta!!!
Partiendo en coche de Binéfar, tenemos que dirigirnos hacia Tamarite de Litera (A-140) y, de ahí, tomar el desvío a la izquierda que nos lleva a Alcampell. Tras pasar esta última localidad, llegamos a la N-230 que cogeremos hacia Benabarre. Nada más pasar Baells, comienza una rampa que culmina en el puerto de Saganta. A mitad de dicha rampa, veremos a la derecha el desvío hacia Nachá. Al poco de coger el desvío por una pequeña carretera llegaremos a esa población. Yo dejé el coche al lado de la báscula municipal, ya que hay una explanada perfecta para aparcar.
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| Un pequeño sendero lleva desde Nachá al camino de la ermita de los Mártires |
Iniciaremos nuestro camino a pie continuando por esa misma carretera en sentido a Camporrells. Después de tres minutos escasos de descender por la carretera (¡¡¡tened cuidado!!!) vemos el inicio de un pequeño sendero a nuestra derecha. Desemboca, tras unos quince minutos de trayecto, al punto de encuentro entre la carretera de Nachá-Camporrells y un camino que lleva a la ermita de los Mártires. Una de las cosas interesantes de dicho sendero son las piedras de colores que algún artista se han encargado por diseminar en distintas localizaciones.
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| Alguien ha dejado estas curiosas piedras de colores a lo largo del sendero |
Cogemos el camino que hemos mencionado anteriormente que nos internará en el monte mientras vamos ascendiendo paulatinamente. Alrededor de los tres cuartos de hora de haber iniciado nuestro camino, en un recodo del camino vemos una espectacular vista del llano en el que se asienta Camporrells, así como los Pirineos y, más cerca, las estribaciones de Congost de Mont Rebei. Unos diez minutos más tarde (llevamos alrededor de una hora de camino) llegamos a la ermita de los Mártires.
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| En la punta de la colina central está la ermita de los Mártires |
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| La vista de Camporrélls es espectacular |
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| Parte trasera de la ermita de los Mártires |
Vale la pena estar un rato. Es un mirador magnífico. Entre otras vistas, podemos ver justo detrás de la ermita, la localidad de Baldellou y la cola del pantano de Santa Ana. Cuando hayamos disfrutado del espectáculo que nos brinda la naturaleza y descansado un poco, desandaremos nuestros pasos bajando la rampa encementada que hemos subido escasos minutos antes.
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| Mirando hacia Cataluña, tenemos la población oscense de Baldellou y el pantano de Santa Ana |
Será entonces cuando a nuestra derecha veamos una señal que nos indica el sendero que nos llevará a la localidad de Camporrells después de una media hora de trayecto, aproximadamente. Quince minutos de sendero más pronunciado y otros quince llaneando hasta que llegamos a Camporrells, a la altura del barranco del Regué que fue canalizado y arreglado como un paseo hace no mucho tiempo. Cruzamos un pequeño puente y vamos paralelos al curso del barranco hasta que podemos volver a cruzar a nuestra izquierda.
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| Dos puntos del sendero de la ermita de los Mártires a Camporrélls |
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| Barranco del Regué, en Camporrélls |
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| Iglesia de Camporrélls |
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| Paisaje desde la carretera de Camporrélls a Nachá |
Llegaremos a la carretera de Nachá que seguiremos en trayecto ascendente pasando por numerosas granjas y terrenos de cultivo hasta que llegamos de nuevo al desvío del camino que lleva a la ermita de los Mártires. Allí cogeremos el sendero por el que antes hemos venido (el de las piedras de colores) que nos llevará a Nachá, finalizando nuestro trayecto al cabo de un par de horas.
¡¡¡Buena andadeta!!!
sábado, 16 de marzo de 2013
Castel de la Mora, desde la pista de Zurita (2h 3 minutos)
Nuestra particular Historia ha provocado que a lo largo y ancho de nuestra geografía se diseminen cientos (por no decir miles) de construcciones defensivas de todo tipo: fortalezas, atalayas, torres, castillos... Uno de ellos se encuentra en el término de Peralta de Calasanz. Se trata del Castel de la Mora. Nos recuerda también que la presencia árabe en España ha dejado rastro en muchas cosas, incluidos los topónimos.
Desde Binéfar, tomaremos la A-140 hasta Tamarite y, de ahí, coger el desvío a Alcampell que nos lleva a la N-230 sentido Benabarre. A los pocos kilómetros, vemos el desvío a Baells. ¡¡¡Mucho cuidado!!! Puede que sea uno de los cruces de carretera más jodidos de los que me he encontrado. Entramos en Baells y tomaremos una especie de pequeña circunvalación que nos lleva a rodear la localidad literana por la izquierda. Tomaremos la pista forestal a Zurita parando en un cruce en el que una señal de madera nos indica el camino al Castel de la Mora y Peralta de la Sal.
Iniciamos el paseo. En el primer tramo, de una media hora de duración aproximadamente, rodeamos una colina así que a un lado tenemos monte y al otro los campos de cultivo hasta llegar a un punto alto en el que se produce un cruce de caminos. Durante ese primer tramo podemos admirar a lo lejos el monte coronado por la ermita de San Quílez, el punto más alto de La Litera. La pista se introduce en el bosque de carrasca hasta que cubrimos este primer tramo.
Comenzamos a bajar para cruzar lo que parece una especie de valle. Si observamos a la izquierda, podremos ver nuestro destino, el Castel de la Mora, coronando una colina. Tras salvar dicho valle, perdemos de vista el castillo y volvemos a poder admirar el paisaje de nuestra derecha. Los barrancos de la zona de Peralta sustituyen a los campos de cultivo. Alrededor de los tres cuartos de hora de haber iniciado la andadeta, llegaremos a un cruce: hacia la izquierda nos lleva al Castel y hacia la derecha desciende a Peralta, localidad que incluso ya podemos ver en la distancia.
Nosotros, esta vez, optamos por la pequeña fortaleza. Tan solo nos queda alrededor de un cuarto de hora de camino. Volvemos a ascender por la serpenteante pista hasta que nos topamos con la ermita de la Virgen de la Mora, sin demasiado interés arquitectónico. La pista culmina ahí y enlaza con un pequeño sendero que lleva la cima en la que se asienta el mencionado Castel de la Mora.
Se trata de una estructura cúbica, restaurada gracias al esfuerzo, entre otros, de la Asociación que lleva el nombre de este monumento. Las vistas son espectaculares, hacia el llano literano incluida la cercana población de Cuatrocorz y hacia la montaña con los primeros barrancos de Peralta, las estribaciones prepirenaicas y los Pirineos. También se puede entrar en el pequeño castillo. Eso sí, tened mucho cuidado, pero las vistas desde las ventanas medievales merecen la pena.
Como os suelo recomendar, disfrutad del lugar en el que os encontráis durante unos minutos, haced fotos, coged aliento y desandad vuestros pasos.
¡¡¡Buena andadeta!!!
Desde Binéfar, tomaremos la A-140 hasta Tamarite y, de ahí, coger el desvío a Alcampell que nos lleva a la N-230 sentido Benabarre. A los pocos kilómetros, vemos el desvío a Baells. ¡¡¡Mucho cuidado!!! Puede que sea uno de los cruces de carretera más jodidos de los que me he encontrado. Entramos en Baells y tomaremos una especie de pequeña circunvalación que nos lleva a rodear la localidad literana por la izquierda. Tomaremos la pista forestal a Zurita parando en un cruce en el que una señal de madera nos indica el camino al Castel de la Mora y Peralta de la Sal.
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| En la cima del monte más alto se encuentra la ermita de San Quílez |
Iniciamos el paseo. En el primer tramo, de una media hora de duración aproximadamente, rodeamos una colina así que a un lado tenemos monte y al otro los campos de cultivo hasta llegar a un punto alto en el que se produce un cruce de caminos. Durante ese primer tramo podemos admirar a lo lejos el monte coronado por la ermita de San Quílez, el punto más alto de La Litera. La pista se introduce en el bosque de carrasca hasta que cubrimos este primer tramo.
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| El pequeño "cuadradito" que se aprecia en la cima de la colina es nuestro destino, el Castel de la Mora |
Comenzamos a bajar para cruzar lo que parece una especie de valle. Si observamos a la izquierda, podremos ver nuestro destino, el Castel de la Mora, coronando una colina. Tras salvar dicho valle, perdemos de vista el castillo y volvemos a poder admirar el paisaje de nuestra derecha. Los barrancos de la zona de Peralta sustituyen a los campos de cultivo. Alrededor de los tres cuartos de hora de haber iniciado la andadeta, llegaremos a un cruce: hacia la izquierda nos lleva al Castel y hacia la derecha desciende a Peralta, localidad que incluso ya podemos ver en la distancia.
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| Justo antes de tomar el último desvío, podemos ver los barrancos de Peralta e incluso la localidad del mismo nombre |
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| Tomado el desvío a la izquierda, encaramos el último cuarto de hora hasta el Castela de la Mora |
Nosotros, esta vez, optamos por la pequeña fortaleza. Tan solo nos queda alrededor de un cuarto de hora de camino. Volvemos a ascender por la serpenteante pista hasta que nos topamos con la ermita de la Virgen de la Mora, sin demasiado interés arquitectónico. La pista culmina ahí y enlaza con un pequeño sendero que lleva la cima en la que se asienta el mencionado Castel de la Mora.
Se trata de una estructura cúbica, restaurada gracias al esfuerzo, entre otros, de la Asociación que lleva el nombre de este monumento. Las vistas son espectaculares, hacia el llano literano incluida la cercana población de Cuatrocorz y hacia la montaña con los primeros barrancos de Peralta, las estribaciones prepirenaicas y los Pirineos. También se puede entrar en el pequeño castillo. Eso sí, tened mucho cuidado, pero las vistas desde las ventanas medievales merecen la pena.
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| Mirando hacia Cataluña, está la localidad de Cuatrecorz |
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| Castel de la Mora |
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| Interior de la fortaleza |
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| Vista espectacular |
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| Puerta de entrada al Castel |
¡¡¡Buena andadeta!!!
domingo, 3 de marzo de 2013
El Tozal de Asba, un balcón en Guara para admirar los Pirineos (1h 48')
Una andadeta tiene un atractivo añadido si incluye un alto desde el que se dominen unas magníficas vistas. Es lo que pasa en la andadeta que os describiré a continuación. Nos lleva de la localidad de Betorz al Tozal de Asba, en plena sierra de Guara, y volver de nuevo a la población ubicada en la comarca oscense de Sobrarbe.
Partiendo de Barbastro, hay que tomar la carretera de Alquézar y, poco antes de llegar a esa bonita localidad, se toma el desvío a la derecha para tomar la carretera de Colungo, que ya hemos recorrido alguna vez. Al cabo de una media hora de coger dicho desvío veremos a la izquierda una bifurcación que nos indica Lecina y Betorz. Cruzaremos ambas localidades y cuando la pequeña carretera se convierta en un camino de tierra continuamos unas decenas de metros más hasta dar con una explanada, ideal para dejar el coche.
Comenzamos la andada. Nos encontramos a 1.047 metros de altura. Vemos que a la derecha asciende una pista de tierra y una señal nos dice que nos llevará al Tozal de Abas, que se encuentra a 1.484 metros de altura. Os aviso ya que eso supone ascender más de cuatrocientos metros en una hora escasa, por lo que preparaos a salvar algunos repechos que os tendréis que tomar con mucha calma dosificando las fuerzas.
La andada en sí no tiene pérdida. Ascendemos por la citada pista atravesando el bosque en el que predomina el buxo (boj), carrasca y pino. Los árboles van escaseando conforme vamos subiendo hasta que alrededor de unos tres cuartos de hora de haber comenzado a patear el bosque deja paso a un paisaje de monte bajo en el que las aliagas y los alizones acaparan la vista. La pista llanea durante esos quince minutos en los que vamos coronando colinas.
Llegamos entonces, cuando llevamos alrededor de una hora de andadeta, al Prado de Asba. Era un antiguo punto de descanso para los pastores y sus rebaños. Yo aún encontré restos de las nieves caídas en los días anteriores. Conserva una antigua cabaña para que el pastor se refugiara y una balseta que servía de abrevadero. El camino se bifurca. A la izquierda se va a la ermita de Santa María de la Nuez (me lo apunto para la próxima).
Vosotros haced caso al sendereto que parte del prado al Tozal de Abas. Son cinco minutos flanqueado por árboles y arbustos hasta que llegas al tozal coronado por una cruz...Y se abre ante ti una vista espectacular de una buena parte de los Pirineos además del llano que une el monte en el que se encontramos con la cordillera que nos separa de Francia.
Siempre os digo que os toméis un respiro antes de iniciar el camino de vuelta. Ese consejo está más justificado que nunca porque es una de las vistas más espectaculares que he visto en mi vida. Cuando hayáis absorbido la imponente naturaleza, será tiempo de iniciar la vuelta que tiene la ventaja de ser toda cuesta abajo.
¡¡¡Buena Andadeta!!!
Partiendo de Barbastro, hay que tomar la carretera de Alquézar y, poco antes de llegar a esa bonita localidad, se toma el desvío a la derecha para tomar la carretera de Colungo, que ya hemos recorrido alguna vez. Al cabo de una media hora de coger dicho desvío veremos a la izquierda una bifurcación que nos indica Lecina y Betorz. Cruzaremos ambas localidades y cuando la pequeña carretera se convierta en un camino de tierra continuamos unas decenas de metros más hasta dar con una explanada, ideal para dejar el coche.
Comenzamos la andada. Nos encontramos a 1.047 metros de altura. Vemos que a la derecha asciende una pista de tierra y una señal nos dice que nos llevará al Tozal de Abas, que se encuentra a 1.484 metros de altura. Os aviso ya que eso supone ascender más de cuatrocientos metros en una hora escasa, por lo que preparaos a salvar algunos repechos que os tendréis que tomar con mucha calma dosificando las fuerzas.
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| Se ascienden 400 metros en una hora. ¡¡¡Ánimo!!! |
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| El primer tramo de ascenso está marcado por el bosque de carrasca |
La andada en sí no tiene pérdida. Ascendemos por la citada pista atravesando el bosque en el que predomina el buxo (boj), carrasca y pino. Los árboles van escaseando conforme vamos subiendo hasta que alrededor de unos tres cuartos de hora de haber comenzado a patear el bosque deja paso a un paisaje de monte bajo en el que las aliagas y los alizones acaparan la vista. La pista llanea durante esos quince minutos en los que vamos coronando colinas.
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| El bosque de carrasca va dejando paso al monte bajo de aliaga y boj |
Llegamos entonces, cuando llevamos alrededor de una hora de andadeta, al Prado de Asba. Era un antiguo punto de descanso para los pastores y sus rebaños. Yo aún encontré restos de las nieves caídas en los días anteriores. Conserva una antigua cabaña para que el pastor se refugiara y una balseta que servía de abrevadero. El camino se bifurca. A la izquierda se va a la ermita de Santa María de la Nuez (me lo apunto para la próxima).
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| Cabaña de pastor en el Prau d'Asba |
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| Dos tramos del sendero al Tozal, el primero a la ida y el segundo a la vuelta |
Vosotros haced caso al sendereto que parte del prado al Tozal de Abas. Son cinco minutos flanqueado por árboles y arbustos hasta que llegas al tozal coronado por una cruz...Y se abre ante ti una vista espectacular de una buena parte de los Pirineos además del llano que une el monte en el que se encontramos con la cordillera que nos separa de Francia.
Siempre os digo que os toméis un respiro antes de iniciar el camino de vuelta. Ese consejo está más justificado que nunca porque es una de las vistas más espectaculares que he visto en mi vida. Cuando hayáis absorbido la imponente naturaleza, será tiempo de iniciar la vuelta que tiene la ventaja de ser toda cuesta abajo.
¡¡¡Buena Andadeta!!!
domingo, 10 de febrero de 2013
Lecina-Abrigos de Barfaluy-Lecina; las huellas del pasado (1h 12')
Os presento la tercera andadeta que parte de la cuidada localidad de Lecina, en plena sierra de Guara. Y las que quedan porque es una localidad de la que parten innumerables rutas de distintas longitudes y variada exigencia física. En esta ocasión, se trata de una andada tan asequible como entretenida que nos llevará a las pinturas rupestres de los Abrigos de Barfaluy.
Desde Barbastro se llega a Lecina por la carretera que lleva a Alquézar, primero, y poco antes de esta última localidad tomando el desvío hacia Colungo. Ya no dejamos dicha carretera hasta que encontramos a la izquierda la pequeña pista asfaltada que cruzando el río Vero nos llevará a Lecina. A la entrada del pueblo hay unos aparcamientos por lo que dejar el coche no será problema.
Ya andando, entramos en el pueblo. Tras unos pasos, veremos la plaza principal. De la izquierda parte una pequeña calle de la que sale el sendero que vamos a tomar. En todo el trayecto veremos postes de madera indicando el itinerario, por lo que es difícil perderse. Al salir de la población, estamos rodeados de huertos y fincas particulares cuyos muros de piedra encajonan nuestro camino. A los pocos minutos, aún con Lecina cerca a nuestras espaldas, tenemos a la izquierda el desvío a la ermita de San Martín que ignoraremos (ya iremos por allí otro día)
Durante un rato vamos descendiendo, pasando en algún tramo por antiguas bordas derruidas. Son los últimos vestigios humanos antes de internarnos en el bosque. Es el momento de subir un poco hasta que una pista forestal cruza con el sendero. Veremos un cartel que nos avisa de que se caza en la zona cuando es temporada. Pasamos de la pista y cogemos el sendero que baja.
Llegado un punto dicho sendero nos lleva a descender por roca madre en un tramo bastante vertical por lo que os pido que tengáis cuidado con los resbalones. Al llegar abajo veréis que se trata del inicio de un barranco que tan solo recorréis durante unas decenas de metros porque llegaréis a un cruce de rutas en el que comprobaréis que a la derecha sube el camino a los Abrigos de Barfaluy (el que nos interesa) mientras que a la izquierda, siguiendo el curso del congosto, el letrero señala hacia el barranco de Basender.
Tras tirar a la derecha iniciaréis un suave ascenso por la ladera de un monte. El piso del sendero pasa de la tierra y guijarros a una alfombra de piedras desmenuzadas al estilo de las que ponen como soporte de las vías del tren. Eso se produce tanto por la naturaleza del suelo en esa zona como por los drásticos cambios de temperatura que van disgregando las rocas. Os vuelvo a pedir que tengáis cuidado. Andar por ese suelo es más incómodo que en un camino de tierra, propicio para las torceduras si no se para cuenta.
Excepto al cruzar un pequeño barranco la totalidad de ese viaje es de subida con un par de repechos a tener en cuenta. A tramos podemos ver espectaculares paisajes y en otros, andamos por el interior del bosque, lo que también supone un paisaje precioso de distancia corta. No faltará mucho para llegar a nuestro destino cuando vemos un cartel que identifica una antigua carbonera. Nuestros antepasados conseguían carbón realizando grandes hogueras de leña. La combustión, unida a las enormes temperaturas que se conseguían en el interior de esas piras permitían obtener el carbón.
Continuamos nuestro camino unos pocos minutos más hasta que llegamos al borde de un gran barranco. En unos covachos ubicados unos cuantos metros más abajo se encuentran unas pinturas rupestres de entre 1.500 y 5.000 años de antigüedad. El Arte Rupestre Levantino, al que pertenecen, es Patrimonio de la Humanidad. Descenderemos utilizando en algún tramo unas escaleras metálicas rojas bastante verticales así que parad cuenta cómo bajáis. Finalmente, aparecen protegidos los covachos. Son tres. En el primero, según bajamos, se deberían ver unas pinturas negras aunque yo no las aprecié. Sí que se ven las pinturas rojas de los otros dos abrigos: figuras decorativas, además de animales y personas dibujadas esquemáticamente. Flipante ver lo que hicieron estos habitantes de Guara de hace esa burrada de años. Completan la "decoración" unos panales de abejas artificiales hechos por dos vecinos de la zona.
La vista es espectacular y si sois tan afortunados podréis ver incluso una colonia de buitres leonados surcando los aires. Buen remate. Disfrutad y recuperad fuerzas que luego os toca volver.
¡¡¡Buena andadeta!!!
*De postre, una vez de vuelta a Lecina, os podéis acercar hasta una carrasca que tiene más de mil años.
Desde Barbastro se llega a Lecina por la carretera que lleva a Alquézar, primero, y poco antes de esta última localidad tomando el desvío hacia Colungo. Ya no dejamos dicha carretera hasta que encontramos a la izquierda la pequeña pista asfaltada que cruzando el río Vero nos llevará a Lecina. A la entrada del pueblo hay unos aparcamientos por lo que dejar el coche no será problema.
Ya andando, entramos en el pueblo. Tras unos pasos, veremos la plaza principal. De la izquierda parte una pequeña calle de la que sale el sendero que vamos a tomar. En todo el trayecto veremos postes de madera indicando el itinerario, por lo que es difícil perderse. Al salir de la población, estamos rodeados de huertos y fincas particulares cuyos muros de piedra encajonan nuestro camino. A los pocos minutos, aún con Lecina cerca a nuestras espaldas, tenemos a la izquierda el desvío a la ermita de San Martín que ignoraremos (ya iremos por allí otro día)
Durante un rato vamos descendiendo, pasando en algún tramo por antiguas bordas derruidas. Son los últimos vestigios humanos antes de internarnos en el bosque. Es el momento de subir un poco hasta que una pista forestal cruza con el sendero. Veremos un cartel que nos avisa de que se caza en la zona cuando es temporada. Pasamos de la pista y cogemos el sendero que baja.
Llegado un punto dicho sendero nos lleva a descender por roca madre en un tramo bastante vertical por lo que os pido que tengáis cuidado con los resbalones. Al llegar abajo veréis que se trata del inicio de un barranco que tan solo recorréis durante unas decenas de metros porque llegaréis a un cruce de rutas en el que comprobaréis que a la derecha sube el camino a los Abrigos de Barfaluy (el que nos interesa) mientras que a la izquierda, siguiendo el curso del congosto, el letrero señala hacia el barranco de Basender.
Tras tirar a la derecha iniciaréis un suave ascenso por la ladera de un monte. El piso del sendero pasa de la tierra y guijarros a una alfombra de piedras desmenuzadas al estilo de las que ponen como soporte de las vías del tren. Eso se produce tanto por la naturaleza del suelo en esa zona como por los drásticos cambios de temperatura que van disgregando las rocas. Os vuelvo a pedir que tengáis cuidado. Andar por ese suelo es más incómodo que en un camino de tierra, propicio para las torceduras si no se para cuenta.
Excepto al cruzar un pequeño barranco la totalidad de ese viaje es de subida con un par de repechos a tener en cuenta. A tramos podemos ver espectaculares paisajes y en otros, andamos por el interior del bosque, lo que también supone un paisaje precioso de distancia corta. No faltará mucho para llegar a nuestro destino cuando vemos un cartel que identifica una antigua carbonera. Nuestros antepasados conseguían carbón realizando grandes hogueras de leña. La combustión, unida a las enormes temperaturas que se conseguían en el interior de esas piras permitían obtener el carbón.
Continuamos nuestro camino unos pocos minutos más hasta que llegamos al borde de un gran barranco. En unos covachos ubicados unos cuantos metros más abajo se encuentran unas pinturas rupestres de entre 1.500 y 5.000 años de antigüedad. El Arte Rupestre Levantino, al que pertenecen, es Patrimonio de la Humanidad. Descenderemos utilizando en algún tramo unas escaleras metálicas rojas bastante verticales así que parad cuenta cómo bajáis. Finalmente, aparecen protegidos los covachos. Son tres. En el primero, según bajamos, se deberían ver unas pinturas negras aunque yo no las aprecié. Sí que se ven las pinturas rojas de los otros dos abrigos: figuras decorativas, además de animales y personas dibujadas esquemáticamente. Flipante ver lo que hicieron estos habitantes de Guara de hace esa burrada de años. Completan la "decoración" unos panales de abejas artificiales hechos por dos vecinos de la zona.
La vista es espectacular y si sois tan afortunados podréis ver incluso una colonia de buitres leonados surcando los aires. Buen remate. Disfrutad y recuperad fuerzas que luego os toca volver.
¡¡¡Buena andadeta!!!
*De postre, una vez de vuelta a Lecina, os podéis acercar hasta una carrasca que tiene más de mil años.
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